martes, 29 de marzo de 2011

hábito

I

mirando el oscuro azul de ese cielo otoñal, supe lo mucho que me gusta soñar.
el anochecer avanza tan rápido y sin embargo logro detenerlo en algún punto, lo detengo y se queda ahí estático en su tonalidad oscura, en su esencia eterna.

II

desde 5o días que no logro pensar en otra cosa que en el color contenido en su mirada y calcado a mis pensamientos. nada pude calcar mejor que el color de su mirada: ni el de su sonrisa, ni siquiera el de sus ojos. la suavidad de su recuerdo me daña en mi interior al mismo tiempo que esta música trata de suavizar el ardor que tanta herida me provoca.
heridas superficiales que no fueron penetradas por ningún arma ni por ningún movimiento. heridas que son las mismas de siempre, invisibles pero dolorosas, y que desde hace años siguen doliendo. seguirán doliendo quizás por unos cuantos años y quizás por la eternidad.

III

esta nítida escena traducida en pensamientos se vuelve oscura al momento de abrir los ojos. ni esta realidad ni ninguna otra se parecen a lo que he estado imaginando. no se parecen ni los recuerdos ni los deseos...
así habitan mis ideas actualmente: dispersas en una mente cuyos pensamientos continúan distantes y distintos de la realidad, creando su propia realidad, una que no los prive de las verdaderas historias que mi dañado y rasgado corazón ha querido empezar a crear.
pero el corazón sólo bombea sangre y mi ideas mantienen su concordancia con la vida real, con esta vida donde mis suspiros no tienen peso y donde mis recuerdos aún tienen un nombre y un contexto.

IV

el corazón continúa bombeando sangre a mi destruido pero intacto cuerpo y mi mente sólo quiere trabajar con cosas reales. con los pies cada vez más pegados a la tierra empiezo a entender las cientos de palabras que me han invadido estos meses. palabras tan simples como el olvido, tan simples como el silencio y tan simples como entender sentimientos para los cuales no existen ni palabras ni descripciones.
tan simples como asumir que el Otoño ya comenzó y lo estoy viviendo sola.

miércoles, 2 de marzo de 2011

escarbando

Desde algún profundo punto de mi ser sentí un tirón que me detuvo a pensarlo unos instantes. Me detuve a pensarlo porque ya no tenía nada mejor en qué pensar más que en el incierto futuro que yo misma me he ido forzando. Incierto pero maravilloso futuro.
Nada mejor que sentir en estos momentos de profunda melancolía y profunda soledad en la oscuridad de una habitación que en algún otro momento sólo sabía emanar calor y diversos tonos. Pero ahora algo me detuvo lenta y lejanamente.
Desde unos cuantos varios kilómetros un palpitar similar al mío descansa. Descansa porque sabe que sus latidos son tenues en la medida que mi corazón aún no es capaz de encontrarlos.
Paciencia infinita he tenido que tener y seguiré teniendo en cuanto mi corazón late con más fuerza y sus suspiros y susurros lo van guiando lentamente a lo que espero será la más cálida sensación que he sentido en meses.
La esperanza es lo último que se pierde.