jueves, 11 de julio de 2013

Arde babilonia

Sublimes resultaron de pronto
los frecuentes deseos de emancipación
pues tratamos de liberarnos del cuerpo
de los cuerpos todos y de las llamas
que prendieron nuestros deseos

Nos prendimos súbitamente
y afloró el deseo
buscamos apagarnos o que nos apaguen
o que las llamas se vuelvan inertes pasos
que nos lleven de poco a la muerte.

Huiremos sin ganas, llevaremos llamas
nos llevamos en las ganas de seguir ardiendo
y seguimos juntos en la lucha
y nos liberamos ardiendo
pues fueron las llamas
quienes finalmente prendieron el deseo

Odiamos desde siempre la fragmentada vida
que nos trajo de pronto a la muerte
odiamos y ardemos de odio,
quemamos todo alrededor con fuego
emanado desde nuestro interior

Y el fuego que se expande,
y el fuego que se extingue,
y todos los fuegos nos absorben
y nos perdonan el paso torpe,
el paso errado,
el fuego nos está liberando,
y nos libramos también del deseo.

noche perdida

Indiferente la naturaleza me observa;
me observa quieta entre el humo,
perdida en la oscuridad de la mente
y de la habitación.

Perdida estoy esta noche
esta y todas las noches que te recuerdo.
Perdida entre humo, perdida entre nada,
perdida en la espera.

A veces viajamos sobre nuestros cuerpos
y la naturaleza me acompaña.
a veces podemos soplar el viento
hundirnos en el humo
Nos encontramos perdidos en el viaje
y nos montamos en las esperanzas,
reprochamos a la noche y a sus estrellas
gritamos con odio al viento
y luego volvemos a amarnos
yo y la naturaleza
nos exploramos,
viajamos,
sentimos,
huimos,
volamos,
amamos.

Humo

Como un pequeño sonido
que fuera capaz de destruir el poderoso silencio,
el pequeño fervor del sentimiento
 fue capaz de acabar con el letargo del corazón.

Despertóse de su largo sueño,
arribó a un corto viaje.
Corto pero intenso viaje.

Suspiró noches eternas,
sedujo a la angustia,
abrazó las dichosas mañanas
y destruyó las interminables penurias.

Pero habitó un breve sueño,
pequeña esperanza de su esencia rota,
y de pronto finalizó el viaje,
y las lunas brillaron,
y el corazón brilló,
y la habitación brilló en su ausencia.