Me suelto suavemente el cabello y me dejo caer sobre mi cama. Por la ventana sigo observando lo mismo de siempre: las luces de lo ajeno me piden que las siga y yo, inerte en mi propia mente me niego a someterme a un pensamiento en el que su sonrisa no esté presente. Su sonrisa se ha convertido en la culpable de mis pensamientos y mis ilusiones.
La travesía la veré iniciada en un par de encuentros más. Por ahora logro atar recuerdos de otros días a mis calles y mis memorias. Desvisto el silbido de aves lejanas con mi mirada. El atardecer - ya lejos- me levanta su arrebol y perpleja ante tal espectáculo vuelvo a recorrer lentamente la actual escena: yo vuelvo a sentirlo y las paredes me hablan de futuras melodías.
Melodías probables siguen sonando. Las sigo llamando y me siguen en mis deseos.
1 comentarios:
El poeta es un pequeño Gloria a Dios Hermano
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