El cielo perdió coherencia con el clima y las nubes negras volvieron con la calidez del viento que cerca de las dos de la tarde soplaba.
Descubrí que mi ansiedad tiene un nombre.
Encendí la televisión y las malas noticias me invaden. Los ánimos y los deseos de libertad se apoderan de mi alma y ahora quisiera volar como hace dos días logró hacerlo mi buen y amado amigo. Espero que donde él esté el viento no sople tan fuerte y los sueños no logren deshacerse. Donde estoy yo, los sueños duran para siempre y la alegría es efímera.
Vuelvo a donde estaba antes.
Hoy saldré. Volveré pronto y esta vez, abriré las cortinas que han ocultado el sol.
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