
Las hojas cuyo viento en su susurro movió
te esperan y sostienen tus silbidos.
El sol que lejano solía iluminarte,
te espera desde el ahora alcanzable cielo.
La mañana te recibe,
en tu aleteo disipas la bruma.
El crepúsculo inquieto, el arrebol ansioso
de volverse tu hogar.
Ingrávido bajo el claro cielo,
cansado por la lluvia, animado por el aire.
La sincronía entre tu vuelo y el tiempo
te aleja, te lleva, te absorbe.
Vivaces abrimos las jaulas,
juego simultáneo entre dos viejos amigos.
Tu vuelas y me olvidas,
yo me encierro y te recuerdo.
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